Odiaba este internado, lo odiaba como a nada en el mundo, por más que me esforzara por ser
Y para aumentar mi desgracia estaba él, un simple muchacho, y siempre que salía de mi última clase él estaba ahí, esperándome. Uno pensaría que después de dos meses de rechazo se rendiría, pero no, seguía insistiendo.
-Caitlin- Me saludo.
-Dan- Le conteste, no me gusta ser grosera, pero era lo único que iba a conseguir de mi, así que después de eso seguí mi camino.
-¿Cuándo vas a aceptar una cena conmigo?- Me pregunto caminando detrás de mí.
-Cuando dejes de subir a tu motocicleta, cualquier falda que se te atraviese, ósea nunca- Comencé a caminar más rá
Dan Jenkins, un prodigio de las matemáticas, pero también del desastre, era una extraña mezcla de nerd y rebelde sin causa, cosa que atraía a la mayoría de las chicas, eso sin contar que tenía un físico envidiable, y esa motocicleta que su papá le compro cuando cumplió los 18 años hace un par de meses, decían que se había acostado con casi todas las chavas del curso, pero repito decían, un rebelde de los pies hasta el cuello, lo demás era pura sabiduría que sabrá Dios de donde la habrá sacado. Había una gran variedad de destrozos en la escuela y la ciudad, pero siempre salía librado gracias a la gran cantidad de dinero que su padre soltaba para remediar lo que el hijo había hecho. Pura rebeldía de la edad, decía su padre al entregar el cheque con varios ceros.
Todos los viernes en la tarde tomaba un curso de piano en el internado, pero no me imagine lo que paso un día después de terminar el curso.
Caminaba por uno de los pasillos de la escuela cuando alguien me jalo, y de repente estaba pegada a la pared y Dan me sujetaba contra la pared, y una de sus manos tapaba mi boca para evitar que saliera algún sonido de ella, pero no me sujetaba de manera violenta, solo de una forma en la que no me pudiera escapar.
-Caitlin- Dijo mi nombre con reverencia. No vayas a gritar, nadie te escuchara, porque sabes exactamente en qué salón estamos- Tenía razón, sabia donde estábamos, el salón de baile, y por esos pasillos nadie se aparece en las tardes, solo en las mañanas. Te voy a soltar, pero quiero que entiendas dos cosas, uno, no vas a poder salir de aquí, cerré con llave, y dos, no te voy a hacer daño, ¿entiendes?- Estaba muerta de miedo, pero asentí y me soltó, pero no se separo mucho de mí.
-¿Qué quieres?- Pregunte enojada y con miedo.
-Solo quiero hablar contigo- Contesto calmado.
-¿Y para eso me tienes que secuestrar?-
-Te lo pedí de buena manera antes y no accediste, tenía que encontrar alguna manera de pasar un rato solos tú y yo, y esto fue lo único que se me ocurrió-
-Eres un bruto- Le dije con rabia y se separo de mi.
-Lo sé- Su respuesta me tomo por sorpresa y él lo noto.
-Por lo menos lo admites- Le dije y camino hacia mí.
-¿Sabes? Siempre he creído que eres diferente a las demás, por eso me gustas- Dijo mientras jugaba con un mechón de mi pelo.
-Ahora resulta que te gusto, vamos Dan, sabes perfectamente que solo soy un capricho tuyo, que solo haces esto porque nunca accederé a salir contigo-
-Quizás tengas razón, alguna vez fuiste un capricho, pero ya no, y eso no te quita lo interesante-
El miedo se había disipado y ahora solo quedaba enojo.
-Dime, ¿
-¿
-¿Eso es todo?- Pregunte después de un par de minutos en silencio que se me hicieron eternos.
-Tal vez eres interesante porque somos totalmente diferentes, tú eres perfecta, educada, correcta en todos los sentidos, mientras yo soy un aprovechado, un grosero-
-¿Aprovechado?-
-Sí, solo observa la forma en la que estamos ahora-
Voltee a ver el gran espejo que nos reflejaba, yo estaba pegada a la pared, y Dan estaba pegado a mí, completamente, solo uno o dos milímetros nos separaban, el tomaba mi cintura con ambas manos y su cara estaba casi o igual de cerca de mi cara que nuestros cuerpos, no pude decir o hacer nada, me había vuelto débil en solo cuestión de minutos, me estremecí y él comenzó a reír ante mi reacción.
-Tú siempre cumples con las reglas- Continúo. Mientras yo siempre las rompo- Dijo mientras tomaba mi mentón para poner mi cara a su altura. Tenía que admitir que estaba cayendo bajo las garras de este chico y la verdad me gustaba. Tú siempre acatas las órdenes, yo las desobedezco-
-¿Cómo cuales?- Pregunte con descaro y el sabia a donde quería llegar.
-Al estar aquí, así- Suspiro y continúo. -Dime Caitlin, ¿tengo permiso de besarte?-
-No- Conteste firme y segura.
Poso sus manos en mi espalda, y sin creer que fuera posible me acerco más a su cuerpo, una de sus manos abandono mi cintura para situarse en mi cuello, acerco su cara a la mía, nuestros labios a milímetros de encontrarse, podía sentir su aliento sobre mí, cerré los ojos y me soltó.
-Está bien, no te besare, solo porque tú me lo pides- Abrió la puerta, que por cierto no tenia llave y salió del salón.
-Eres un bruto- Grite repitiendo mi frase de hace unos minutos. Y él me escucho.
-Lo sé- Grito.









Soy nueva
Good'bye
y gracias
te agrego
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